Los sitios de interés del Camino a Gabriela Mistral en la comuna de Vicuña son cuatro.
La Iglesia de la Inmaculada Concepción, en la esquina de las calles Gabriela Mistral y San Martín, frente a la plaza principal, fue inaugurada en 1909. Obra de los arquitectos Emparán y Young, fue construida en el mismo terreno en que se erguía el antiguo templo parroquial de Vicuña, lugar donde la poeta fue bautizada como Lucila de María Godoy Alcayaga, a pocas horas su nacimiento, el 7 de abril de 1889. También fue allí donde sus padres, Petronila Alcayaga y Jerónimo Godoy, contrajeron matrimonio religioso en 1887.
Presenta una arquitectura de estilo neoclásico, un campanario que se eleva hasta los 35 metros, finos detalles de madera y bellas pinturas, entre otros detalles. A lo largo de toda la estructura, gruesas columnas de madera sostienen la techumbre, del mismo material. A pocos metros de distancia, cruzando la calle, se levanta la Torre Bauer, edificio de madera construido en 1905, que constituye el ícono visual más reconocible de la ciudad.
Actualmente, la pila bautismal en donde la escritora recibió el sacramento ya no se encuentra en la iglesia, aunque se encuentra muy cerca: permanece en el Museo de Arte Sacro de Vicuña, situado en calle Gabriela Mistral 359.
El poblado de El Molle se ubica a 36 kilómetros al este de La Serena y 24 kilómetros al oeste de Vicuña. Una de las culturas prehispánicas más renombradas de la región, los Molle, recibió su denominación por haberse identificado allí sus primeros vestigios. Además, fue una de las paradas del antiguo Tren Elquino, quedando aún en pie su vieja estación, que hoy es parte de un cuartel policial. Actualmente es un sitio frecuentado por turistas que disfrutan de su tranquilidad y sus variadas alternativas en gastronomía, hotelería y esparcimiento.
En 1901, la hermana mayor de Gabriela Mistral, Emelina Molina, contrajo matrimonio con José de la Cruz Barraza, quien se hizo cargo de toda la familia. Emigraron a La Serena y Coquimbo, en donde Barraza intentó varios negocios fallidos, radicándose luego en El Molle. Ahí, trabajando
un pequeño predio y un almacén, buscaron progresar. Para alegría de todos, en 1903 Emelina dio a luz una bebé, Graciela Amalia Barraza Molina, la sobrina de la poeta.
Sin embargo, la suerte no mejoró. Para peor, ese mismo año José Barraza enfermó y falleció, obligando a la familia a buscar nuevos destinos: Emelina volvió al magisterio y partió junto a su hija al pueblo minero de Arqueros; Lucila, acompañada por Petronila, se mudó a la Compañía Baja para iniciarse como preceptora ayudante.
La cama usada por la poeta que se exhibe en el Museo Gabriela Mistral de Vicuña data de esta época.
Avanzando hacia el interior, la localidad de El Tambo se encuentra a 52 kilómetros de La Serena y 10 de Vicuña. Es un pequeño caserío de población campesina, rodeado de predios agrícolas en donde proliferan parronales de uvas de mesa, viníferas y pisqueras. Por lo mismo, una celebración importante del otoño es la fiesta de la vendimia. Pero hay una festividad que resulta única y original de esta localidad: cada año, el último sábado de septiembre, se realiza allí la Mateada, que rinde homenaje al paso de Gabriela Mistral por este villorrio el 26 de septiembre de 1954, en lo que sería su última visita a Chile y a su amado valle de Elqui antes de fallecer en Nueva York, en enero de 1957.
Por aquel entonces, luego de sus agitados días en Valparaíso y Santiago –que incluyeron homenajes en el Palacio de La Moneda y el Estadio Nacional, entre muchos otros–, la maestra viajaba por el valle de Elqui en automóvil, acompañada por Doris Dana y Gilda Péndola. Antes de ingresar a Vicuña, Gabriela hizo un alto en este pueblo, en donde se encontró con la religiosa Rosa Elena Rojas Mercado, quien ejerció como educadora en varias escuelas locales, incluyendo la de El Tambo y también la de Montegrande. Fue entonces cuando la escritora pidió tomar mate, una costumbre muy arraigada en el campo chileno de la época. Este suceso quedó vibrando en el imaginario de la comunidad hasta que el ex párroco de Vicuña, Fidel Carmona, junto al entonces director del Museo Gabriela Mistral, Rodrigo Iribarren, se propusieron revivirlo. En 2003 se instauró la Mateada, la cual fue oficializada mediante un decreto municipal. Desde entonces, los vecinos se reúnen en la plaza a compartir mate y a degustar churrascas, queso de cabra y otros alimentos típicos, amenizando con música en vivo y danzas.
Siguiendo hacia el interior por la carretera D-41 oriente, a 5 kilómetros al oriente de Vicuña, se encuentra Diaguitas, una localidad tranquila y acogedora, con una población dedicada a la agricultura, el turismo y la artesanía. Allí Emelina Molina dirigió la escuela local en el año 1900, instalándose en una casa del pueblo junto a su madre, mientras que su hermana menor, Lucila, con 11 años, estudiaba en la Escuela Superior de Niñas de Vicuña.
El poblado es casi completamente lineal, con casas ubicadas a uno y otro lado de una calle principal. Su nombre se debe a un antiguo pueblo de indios. Una inscripción frente a la plaza recuerda la presencia de la poeta. Destaca en la artesanía local las cerámicas y ornamentos inspirados en la cultura diaguita, además de comestibles tradicionales como mistelas, arrope, miel y frutas secas.